Servicios Empresas en Crisis Nosotros Novedades Consultar
← Volver a Novedades

Opinión · 7 de octubre de 2026

¿Existe la deuda buena? Cuándo el endeudamiento ayuda a la empresa y cuándo la compromete

Por María de los Ángeles Ochenasek — Abogada | Contadora

Las noticias de las últimas semanas coinciden en un punto: el endeudamiento de familias y empresas viene creciendo y es uno de los temas más presentes en la agenda económica. Frente a ese escenario, muchos empresarios se hacen una pregunta concreta: ¿endeudarse está bien o está mal? La respuesta no depende de cuánto se debe, sino de otra cosa que conviene precisar.

El endeudamiento es el uso de fondos de terceros para financiar la actividad: un préstamo bancario, un descuento de cheques, una tarjeta corporativa o el crédito de un proveedor. En todos los casos, la empresa recibe recursos hoy y se compromete a devolverlos más adelante, con un costo. Ese costo puede ser una tasa de interés o una comisión. Y la devolución exige que, llegado el momento, haya fondos disponibles para pagar.

Entonces, ¿existe la deuda buena y la deuda mala? Sí, con una aclaración: no son categorías contables ni jurídicas, sino una forma de analizar la decisión. Lo que distingue una de otra es quién paga la deuda.

La deuda buena es la que paga el propio proyecto financiado. Se toma para adquirir una máquina que aumenta la producción, para comprar mercadería que se vende con margen superior al de la tasa de interés del crédito o para ampliar una capacidad que ya tiene demanda. Lo financiado genera los ingresos con los que se cancela el crédito. Esa es la lógica del apalancamiento: usar fondos de terceros para obtener sobre el capital propio un rendimiento mayor al que se lograría sin ellos. Funciona mientras lo financiado rinda más de lo que cuesta el crédito, es decir, más que la tasa, las comisiones y los gastos asociados.

La deuda mala es la que paga la empresa con otros recursos, porque lo financiado no genera ingresos que la cubran. Es el crédito que cubre gastos corrientes, sueldos o impuestos, el que se toma para pagar otra deuda o el que sostiene pérdidas operativas. En estos casos no hay un flujo nuevo. El compromiso se traslada en el tiempo y se le suma un costo financiero. Cada cuota se paga con la caja general, la misma que sostiene la operación diaria.

Hay un criterio técnico que ayuda a distinguirlas con más precisión: el plazo. Las inversiones en activos fijos, como maquinaria, vehículos, instalaciones o inmuebles, se recuperan en varios años, a medida que generan ingresos. Por eso deberían financiarse con fuentes de largo plazo: capital propio o deuda con un plazo acorde. Si se financian con pasivo corriente, como descubiertos, descuento de cheques, tarjetas o préstamos a corto plazo, la deuda vence antes de que la inversión haya devuelto lo invertido. La diferencia se cubre con capital de trabajo o con nueva deuda. Una deuda que parecía buena empieza así a comportarse como mala.

El capital de trabajo tiene otra lógica. El ciclo de comprar, vender y cobrar es corto, y financiarlo con pasivo corriente resulta razonable. Cabe prestar atención a los plazos de cobro: cuando los clientes pagan más tarde, ese ciclo se alarga y la deuda de corto plazo puede vencer antes de que ingrese el dinero.

Una deuda buena puede dejar de serlo. Si el proyecto rinde menos de lo previsto, una venta no se concreta o un cliente paga tarde, la cuota debe salir de otros fondos. Por eso es necesario proyectar un escenario más exigente y preguntarse si la empresa podría sostener la cuota en ese caso. Cabe destacar que también ocurre lo contrario: refinanciar un pasivo caro por otro de menor costo puede mejorar la situación si reduce la carga financiera total.

Hay además un aspecto jurídico. En las pymes, aun cuando la fuente de pago prevista sea el proyecto, es habitual que las entidades soliciten garantías de la sociedad o avales personales de los socios. Si lo financiado no rinde lo esperado, el compromiso puede alcanzar el patrimonio de quienes avalaron. Conviene leer las condiciones antes de firmar y entender ese escenario.

En un contexto en el que el endeudamiento aparece en las noticias con tanta frecuencia, la pregunta útil para cada empresa es más concreta que la general. No es cuánto se debe, sino quién paga cada deuda y en qué plazo. Cabe preguntarse, entonces: de las deudas que hoy tiene la empresa, ¿cuáles se pagan con lo que financiaron y cuáles con el resto del negocio?

Este contenido tiene carácter informativo general y expresa una opinión profesional. No constituye asesoramiento para un caso particular.

← Volver a Novedades